martes, 1 de enero de 2008

Esto le pasó a la amiga de una prima de mi amiga

“Los hombres las prefieren con novio”

Se reunió con sus amigas el sábado por la noche previa salida. La situación era bastante rara para ella ya que desde hacia un año y medio no salía sin su novio.
Aún no podía sacarse de encima la culpa que le causaba el ruin artilugio que había puesto en práctica para lograr el seudo permiso de su pareja cuando con voz melosa y una actitud inocente e ingenua y le dijo: “Mi amor... las chicas me invitaron a una cena de amigas el sábado a la noche (primera mentira); no es que tenga ganas de ir (justificación, segunda mentira) pero viste como son... insistieron, insistieron y les tuve que decir que sí”. Su novio en lugar de responderle hurgaba incesantemente en los cajones de la cómoda reclamando esa chomba roja manchada de vino tinto que hace seis meses que no usa. Luego de tan razonable período de tiempo, ella no se acordaba si la había tirado, regalado, la había usado para limpiar los vidrios o se la había dado a su hermana la última vez que se quedó a dormir en su casa. De mal humor y aturdido ante la terrible situación de que el short de jean solo combina con “esa” chomba roja le dijo: “Entonces yo me voy al asado que organizaron los chicos (tercera mentira, final anunciado).
La noche del sábado la encontró en el cuarto de sus amigas, mujeres cuyo objetivo era enganchar algo esa noche y así levantar la autoestima que venía cayendo a pique después de tanta soltería asumida como crónica argumentando que estaban solas porque querían estarlo.
Mientras sus amigas se probaban y se pasaban unas a las otras ocho modelos de polleras negras que había y veinticuatro remeritas blancas, ella estaba en un costadito de la habitación poniéndose un poco de rubor rosado en las mejillas para avivar su conjunto, más adecuado para un velorio que para una salida con amigas. Vestía pantalón negro holgado y la camisita (también negra). Es una fija, nunca falta la que dice: “Nena pareces una vieja”. A los tirones la convenció de que se pusiera aquella minúscula pollerita de jean que combinaba perfectamente con el strapless verde bordado con canutillos. Ella se miró en el espejo y no pudo evitar pensar: “si me ve mi novio, me mata” y comenzó a desvestirse. Más rápidas que ligeras las amigas lograron detenerla a tiempo haciendo uso de la estrategia más vil a la que puede echar mano una mujer, decirle: “Si te hace re flaca”.
Llegó al boliche tironeando la minifalda y se paró en un costadito cerca de la escalera que iba al baño mientras sus amigas se destartalaban en la pista. Olvidada, avergonzada y aburrida lo vio bajar ¡un morocho impresionante! “Te mira... no, no. No te mira, parecía que te miraba pero no”, se decía para sí misma, “No, no... sí, te mira, te está mirando. Se acerca. No, no... sí, ahí viene ¡¿A qué viene?! Demasiado cerca, el morocho fijó la vista en el escote y le dijo sensualmente al oído: “¡Que lindos ojos que tenés!” (una cargada, pero en estos casos las mujeres preferimos quedarnos con el cumplido) Ella atinó a decirle un tímido y estúpido “gracias”. Después de unos veinte ininterrumpidos minutos de chamuyo y saraza le dijo: “No puedo, tengo novio”. Y él como fomentado y exacerbado la miró y le dijo: “Pero si no se va a enterar, además no soy celoso”. Frente a semejante propuesta, ella solo pudo anteponer una excusa a una respuesta: “Voy al baño, ya vuelvo”. Subió la escalera toda velocidad y se metió en el baño seguida por sus amigas que en fila india evidenciaban los acontecimientos siguientes; sí, iban a hablar del morocho porque para las mujeres los hombres son una temática que solo se resuelve mediante el consenso.
En el baño las cosas para su grupo de amigas son de fácil solución porque ellas: a) No tienen noviob) No tienen novio c) No tienen novio
Pero la culpa tiene un poder insospechado sobre las mujeres. Así que bajó las escaleras con la única intención de perderse entre la gente hasta finalmente desaparecer del boliche. Y fue en ese momento cuando lo vio, no al morocho si no su novio que con la boca abierta como un hipopótamo intentaba tragarse a una rubia pechugona. Lo que aconteció luego puede resumirse en tan solo tres actos:
Primer acto: Ella toma violentamente del brazo a la pechugona, le pega un sopapo a su novio y le dijo a los gritos que no lo quiere ver nunca más en su vida.
Segundo Acto: Su novio intenta explicarle que no es lo que estaba pensando, que en realidad era una prima que vino del campo, etc, etc, etc...
Tercer acto: Busca al morocho entre la gente y lo besa delante de sus amigas que, pasmadas ante la situación, no saben si aplaudir o fijarse si le pusieron algo raro en la bebida.
Ante semejante arrebato de lujuria el morocho le preguntó intrigado: “¿Pero vos no tenías novio?”. Con una sonrisa irónica y en actitud triunfal, ella le respondió: “Ahora, no tengo más”. En ese preciso momento, el encanto pareció haberse diluido porque el morocho desapreció en cuestión de segundos.
Teoría comprobada: Los hombres las prefieren con novio. ¿Por qué? Esa es otra historia.

Advertencia para hombres: Nunca creas que le pasó a la amiga de la prima de su amiga.